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8/13/12

La odontología holísitica y su relación directa con los trastornos emocionales

Buscando la sanación integral del ser humano

Holístico, significa “global”. 

Conocida también como alternativa, biológica o neurofocal, la holística dentro de la odontología se ocupa de reconocer, diagnosticar y tratar las enfermedades o alteraciones dento-bucales que existen (o pueden existir) como consecuencia de las interrelaciones entre la cavidad bucal en especial de los dientes con el resto del organismo. 

“Podemos entenderla desde dos aspectos: por un lado, tiene en cuenta la totalidad de disciplinas médicas que nos sirven para sanar la boca, y por otro, ve al individuo como un todo considerando sus aspectos físicos, emocionales, mentales y espirituales y toma a la boca como parte del mismo. 

En estos conceptos radica la diferencia con la odontología convencional, la cual se limita a considerar el aspecto físico del hombre y resuelve enfermedades teniendo en cuenta sólo al cuerpo.

Relación entra la boca y el resto del cuerpo

Como su nombre lo indica, la odontología holística considera a la esfera bucal en relación con el cuerpo en su integridad. 

Esto quiere decir que los problemas que tocan la cavidad bucal pueden acarrear desórdenes a distancia en el organismo.

“De la misma forma que el desequilibrio de un órgano determinado o una emoción específica pueden dañar una pieza dental, la alteración primitiva de un diente o de su tejido circundante pueden secundariamente afectar al órgano relacionado con esa pieza o manifestarse con un desequilibrio emocional. 

El tipo de enfermedad orgánica que se produzca como consecuencia de esta alteración dental o peridental puede ser muy variado. 

Esto sucede porque somos un holograma, cada parte de nuestro cuerpo es la representación del todo y el todo es mucho más que la simple suma de las partes.

Cuando un paciente tiene un deficiente estado de salud dental, esto repercute en otros órganos con los cuales los dientes se relacionan energéticamente.

Además de curar los dientes de manera independiente, se atiende su relación con la boca, el resto del cuerpo, las emociones, la manera de ser y cómo te puede afectar en el comportamiento diario.

Para los expertos de la medicina psicosomática, los dientes son los portadores de nuestra vitalidad, además de reflejar cómo vivimos las tensiones diarias. 

Con los dientes masticamos todos los alimentos y realizamos el primer proceso de la digestión en el que se mide nuestra capacidad de morder, triturar y desmenuzar los nutrientes con los que mantendremos en forma nuestro cuerpo. 

Podríamos decir que los dientes reflejan nuestro modo de acometer nuestros conflictos.

Desde hace miles de años, los orientales, en especial los chinos, encontraron una relación directa y emocional entre las diferentes partes del cuerpo. 

Encontraron canales de energía y les llamaron meridianos. 

Cada meridiano pasa por uno o más órganos, por dos o más dientes y se conectan con diferentes emociones.

Para los orientales, la dentadura es el sistema mecánico que nos permite digerir adecuadamente, y así facilitar una mejor utilización de los principios esenciales. 

En Oriente se cuida la masticación realizando hasta 100 masticaciones antes de ingerir los alimentos más sólidos. 

Este hábito es un vivo reflejo de la actitud paciente y mucho más tranquila de Oriente.

Los dientes nos hablan, cuando están enfermos, de nuestros miedos y emociones no digeridas o manifestadas. 

La vida es una escuela donde venimos a aprender, como dicen los grandes sabios, somos el alma, eterna paz y amor. Pero en este aprendizaje lleno de vivencias nos pasan cosas que nos despiertan emociones escondidas y a veces, no somos capaces de procesar.

Es entonces cuando nuestro cuerpo se expresa y nos habla.

La odontología holística se desarrolló a raíz de saber que ciertas alteraciones en los dientes y en la mandíbula pueden provocar cargas importantes de salud en otras partes del cuerpo.

Por eso, la odontología holística se centra en las interrelaciones en todo el cuerpo, con los dentistas, que trabajan de forma holística, adquiriendo más conocimientos de otros ámbitos médicos.

Los dientes no simplemente son elementos aislados en la boca. 

Como en el cuerpo todo está conectado entre sí, no es ninguna sorpresa que los dientes estén muy relacionados con todos los órganos y viceversa. 

Estas relaciones con los órganos se comprueban cada día en la práctica. 

Muchas veces son los dientes, cuyas raíces han sido tratadas, los que causan los problemas : aunque en sus puntas no se pueda ver ningún foco en la radiografía, estos dientes tienen un efecto en los órganos y sus funciones por vías energéticas, los llamados meridianos.

La odontología holística incluye estas interrelaciones de los dientes con el organismo al tratamiento. 

Aspira a eliminar las alteraciones en el cuerpo, si se originan en los dientes. 

Además, es un objetivo muy importante de la odontología holística realizar todos los tratamientos dentales de tal forma que no se deriven de ello más cargas físicas para el cuerpo. 

Por ejemplo, se realiza a través de la eliminación de baterías orales o a través del uso de materiales biológicos perfectamente compatibles que antes se han probado en la persona.

“Batería oral” es el término para el ”efecto de batería“ que se produce cuando hay metales diferentes en la boca (p.e. amalgama y oro). 

La saliva, que es conductora eléctrica, facilita una corriente eléctrica mínima que libera metales innobles (p.e. mercurio de la amalgama) en la boca.

Los dentistas holísticos ven la interrelación del foco local en el diente o en la mandíbula con los efectos en todo el cuerpo. 

Para manifestar esta relación entre los focos de los dientes y de la mandíbula, por un lado, y de las alteraciones en los órganos, por el otro, se hacen pruebas extensas.

La odontología holística se basa en el hecho de que todos materiales colocados en la boca pueden tener efectos a largo plazo en el cuerpo, en el sentido de cargas cronicotóxicas, alérgicas y eléctricas.

Resultado : nunca amalgama en la boca mejor ningún metal tampoco con los implantes, porque cada metal puede representar una carga para el organismo.

Los dientes desvitalizados causan una gran variedad de enfermedades. 

Aunque el conducto radicular se llene correctamente, en un diente desvitalizado queda suficiente espacio para que las bacterias de purtrefacción descompongan el resto de sustancia orgánica muerta y creen así productos muy tóxicos para el metabolismo como la putrescina, la cadaverina, el mercaptano y el tioéter. 

Se producen también sustancias como el indol, el escatol, los triptófanos y los radicales libres. Se ha demostrado el fuerte efecto de todas estas tomaínas.

Si los animales de laboratorio reciben cantidades mínimas de tioéter por jeringa, se producen daños en el hígado, se inflaman vasos, articulaciones y músculos, algo que tiene como resultado la degeneración. 

Las tomaínas paralizan al sistema de enzimas como han demostrado las investigaciones de los profesores Haley y Pendergrass de los EE.UU.  

El profesor Haley incluso informa sobre  un caso de muerte con una mujer de su equipo durante los experimentos. 

La dosis letal sólo consistía en dos gotas que la mujer había absorbido por la piel.

Las toxinas del diente desvitalizado penetran en la mandíbula circundante y desde allí sucede la intrusión en todo el cuerpo por medios de la circulación sanguínea. 

También parece que las toxinas pueden moverse a través de los nervios incluso hasta el cerebro. 

Allá pueden perturbar las glándulas internas produciendo  hormonas y de tal manera alterar el metabolismo.

Las combinaciones de tomaínas y de metales pesados, como el mercurio, son especialmente peligrosas porque las toxinas no se añaden simplemente sino que se intensifican mutuamente. 

Es sólo cuestión de tiempo para que el cuerpo logre secretar las toxinas o disgregarlas. 

Pero un día el cuerpo se cansará de tener que hacerlo y se mostrarán cargas físicas. 

Muchas veces este origen de las enfermedades sólo se encontrará después de una larga búsqueda.

Desde mucho tiempo se sabe que los dientes desvitalizados, aunque se llenen correctamente, se transforman en fuentes tóxicas tarde o temprano y de esta manera pueden causar el decaimiento del paciente. 

El dentista Weston A. Price de los EE.UU., famoso por sus investigaciones en los años 20 y 30 sobre las causas de la degeneración de la mandíbula y de la dentadura, extrajo  dientes desvitalizados a personas enfermas y los implantó bajo la piel de conejos. 

Después de tres días los conejos mostraron los primeros síntomas de la enfermedad y la mayoría de ellos murió por intoxicación.

Si el dentista logra llenar los conductos radiculares ampliamente con habilidad y diligencia, todavía queda 40% hasta 60% de la textura blanda original  aproximadamente la mitad. 

Sobre todo son los conductos radiculares dentales que no están llenados y los muchos conductos minúsculos  hasta 30.000 por milímetro cuadrado en la sección transversal con una longitud completa de 4 a 5 kilómetros. 

Las bacterias de putrefacción colonizan la masa orgánica muerta en estas cavidades remanentes a pesar de la desinfección y producen productos muy tóxicos para el metabolismo.

Por eso un diente desvitalizado con un relleno de amalgama como cierre es una fuente de toxinas constantes que grava cada vez más al cuerpo. 

Una intoxicación de mercurio por amalgama en un diente desvitalizado puede intensificarse por el factor 25 en su efecto biológico, así que este diente se convierte en un foco de toxina constante con el tiempo. 

Las toxinas de bacterias fuertes penetran en el cuerpo y lo gravan bastante. Un relleno correcto puede retardar este desarrollo pero no impedirlo. 

Este foco de bacterias en el diente crece oculto durante años y empeora el estado de salud del paciente, muchas veces sin que él sienta ningún dolor. 

Por esta razón, no muchas veces se sospechan los dientes como fuente de enfermedad.

Una resección de las puntas de la raíz no resuelve el problema

Si se identifica un diente como foco, se sabe por experiencia que la punta de la raíz es la base de los problemas, porque es especialmente en los conductos radiculares laterales donde anidan las bacterias de putrefacción. 

Muchas veces la mandíbula circundante ya ha sido atacada : lo que se queda es una masa esponjosa y carroñosa. 

Para ello, se intenta resolver el problema por medios de una resección de las puntas de la raíz, una operación en la cual el dentista abre la mandíbula al lado, extrae la punta así como la textura blanda y descompuesta. 

Pero el problema del foco no se resuelve así, sino que se reduce por un tiempo en el mejor de los casos. 

Es probable que el foco no sea un problema en los primeros días después de la operación, pero las bacterias de putrefacción reconquistan su territorio poco a poco y luego siguen con su obra de destrucción.

En poco tiempo han recuperado su productividad anterior y la inflamación de la mandíbula, producida por el diente desvitalizado, ya se ha expandido. 

Cuando el diente se arranca finalmente,  las cicatrices de la operación empeoran la curación del cuerpo y así dura mucho tiempo hasta que la inflamación de la mandíbula haya sido curada. 

Por esto, a través de la resección de las puntas de la raíz el paciente paga un precio muy alto para poder mantener el diente desvitalizado que le pone enfermo unas semanas más.

Tampoco el antibiótico ayuda porque la causa perdura : la masa orgánica muerta sigue ofreciendo buenas condiciones de nutrición para las bacterias de putrefacción (si Ud. tiene un clavo herrumbroso en el pie tampoco no toma antibiótico sino que lo extrae, ¿verdad?). 

El antibiótico exige mucho de los mecanismos de desintoxicación del paciente debilitado ya de por sí y las bacterias de putrefacción pueden volverse resistentes contra el antibiótico. 

El cuerpo tiene que luchar contra las toxinas de las bacterias que siguen emanando del foco, aunque mueren en la mayoría de los casos. 

Es difícil alcanzar el foco con el antibiótico en general  por ejemplo, por inyección en la mandíbula. 

No se pueden alcanzar de esta manera las bacterias que están en los conductos radiculares laterales o en los conductos minúsculos y así siguen produciendo toxinas con un poco menos de intensidad si tiene suerte el paciente.

El tratamiento con el antibiótico puede dañar la flora intestinal y debido a una alteración de la digestión, el cuerpo reduce los esfuerzos de desintoxicación, así que en resumen el antibiótico refuerza la perturbación del cuerpo en lugar de curarlo.

Dicen los pacientes y los dentistas que “un diente propio es un diente propio”, añadimos : “… hasta que el diente no se transforme en un foco bacteriano y arruine nuestra salud”.

Un montañero al quien se le han helado los dedos se le tienen que amputar para no morir a causa de las consequencias de la putrefacción. 

Si no, casi nunca sobrevivirá.

Por qué cree tanta gente que se puede hacer una excepción con los dientes desvitalizados, si solamente se rellena el conducto radicular? 

No se observan fácilmente la causa y el efecto. Los dedos muertos son una masa mayor que un diente en cuyo interior hay medio gramo de sustancia orgánica en proceso de putrefacción. 

Si los dedos muertos se permanecen en el cuerpo, el paciente muere rápidamente. 

Aquí se ven muy bien la causa y el efecto. 

Pero con los dientes desvitalizados, con los conductos radiculares llenados, la intoxicación del cuerpo ocurre de forma menos dramática y está oculta; son los sufrimientos los que se intensifican con el tiempo. 

Estas relaciones sólo se ven por observadores muy atentos.

Raíces remanentes

La punta de la raíz puede romperse si se arranca un diente desvitalizado, especialmente cuando las bacterias ya han descompuesto la raíz. Si la punta se queda en su lugar, la herida cicatriza pero sólo superficialmente y las bacterias siguen causando problemas. 

El diente desvitalizado ha sido arrancado pero el foco persiste.

El dentista tiene que remover todas los fragmentos y además tendría que inyectar medios homeopáticos aprobados en las plazas donde estuvo el diente arrancado para remediar el efecto del diente desvitalizado lo más rápido posible y para accelerar la curación de la herida.


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